jueves, 7 de agosto de 2008

Memoriales etílicos de Daniel Suárez Hermoso


Destiempo, fuera de tiempo. Reflexiones omitidas, guardadas, escondidas. Expresadas a destiempo, cuando el libro ya está raído, deteriorado, consumido. Libros famosos, malos a buenos, reservados para mejor momento. Pasa el tiempo y se lee fuera de él, como cuando dejamos descansar un texto.
Causará sorpresas en su momento y serán idénticas las emociones con los años. Cervantes emociona desde hace siglos. Las generaciones que lo aplaudieron aún le aplauden, lo aplaudo cada vez que lo leo. Igual celebro a Salman Rushdie, a Bryce Echenique o a García Márquez.
Me emociono a destiempo, fuera de tiempo. Como esta semana, cuando reflexioné sobre los Memoriales del bar a la media noche, de José Daniel Suárez Hermoso, poeta que renace cada día en San Carlos, teatrero que miente con astucia en el único teatro de la capital cojedeña, tierra inhóspita, olvidada de todos. Allí donde ahítos de alcohol dejamos escapar versos amorosos, demasiado humanos y eróticos algunos, farsantes como Luis Alberto Crespo, Saél Ibáñez, Luis Alberto Angulo, Suárez Hermoso y quien esto escribe.
“Hoy es el día en que cuarenta años no es nada y te pareces una nena, / con una minifalda azul, esas medias blancas y el lunarcito en la boquita a lo Olga Guillot. / Seguramente aprendiste a vencer los años como Lila Morillo. / Dicen que hace grandes sortilegios a los días / y en la media noche del solsticio de primavera se cubre de piedras preciosas. Entonces José Feliciano puede verla… / Hoy es el día que Julio Jaramillo te llamará muchachita, / y a la entrada de la ciudad lo dejarás morir. / Pensará que tiene fiebre, porque San Carlos / es eso: la ciudad de las fiebres eternas en Marzo o en Noviembre. / Hoy es el día en que serás reina del Bar de Colombia. / Terminarás desfilando en la barra y me sentiré Bob Foster y te agarro la pierna con un derechazo. / ¡Qué decisión Fernanda! ¡Qué decisión!...”.
Un pedazo de verso escrito con la soltura que sólo permite el oficio. “Pareces una nena” y Suárez Hermoso disfruta en cada letra, recordando los bares de ese San Carlos que como distracción sólo tiene bares y cantinas, con hembras felinescas, ataviadas de lentejuelas que contrastan con el barro de la calle. A la medianoche Daniel escribe poemas en servilletas, y en la mañana, aún bendecido por los espíritus ocultos en la bebida, deja trazos claros en el papel que ha de ser libado por otros de su especie, como yo, que lo disfruto a destiempo y lo celebro mientras trasegó un vinillo en su honor, quizá recordando algún bar de esos de mala muerte, donde me siento el propio Bukowski. ¡Salud Daniel, hermano!, porque de cierto os digo que María Félix coquetea impúdica en las resacas de nuestras nostalgias.

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